El Templo de Salomón y El Símbolo PerdidoAdelantamos algunos aspectos abordados en nuestra obra sobre la novela de BrownEn la Casa del Templo, construida por los masones en Washington – de la que sobre su significado que hablamos ampliamente en el libro- transcurren momentos cruciales de la novela de Brown. Este edificio masónico está inspirado en el Templo de Salomón, construido por este rey en Jerusalén.
Jerusalén, la ciudad del Templo, ha sido un lugar de adoración desde una remotísima antigüedad. En los albores de la primera fundación patriarcal -hace cuarenta siglos- Abraham adoró allí -y pagó diezmo- al misteriosos Melquisedek, sacerdote y rey de Salem.
Conocida en tiempos de David como "Jebús de los jebuseos", fue elegida por el monarca para establecer allí la capital de su reino. El rey planeó construir una mansión para el poderoso Dios de Israel e instalar en ella, por fin, el "Arca de la Alianza".
Aconsejado por Gad, compró a un jebuseo llamado Ornan, el terreno donde el templo sería construido, y cuyo altar mandó instalar en su emplazamiento definitivo. Se cree que fue, muy probablemente, sobre la enorme roca que aún hoy puede verse detrás de la reja y bajo la cúpula de la mezquita de Abd el Melik, mal llamada "de Omar".
Sin embargo, pese a los grandes preparativos y el inmenso tesoro reunido en materias primas, David no dio comienzo a la construcción del templo. Existen varias versiones acerca de los motivos de esta postergación; dos de ellas surgen del propio texto bíblico.
En la primera, el propio Dios se rehúsa a poseer una morada, y hablando por boca del profeta Natán, declara que desde la salida de Egipto se había limitado a viajar de tienda en tienda y de lugar en lugar, y que nunca había aspirado a tener palacios de cedro.La segunda versión atribuye la negativa de Dios al excesivo derramamiento de sangre provocado por David a lo largo de su tormentosa existencia.
David le dejaría a su hijo Salomón la tarea de edificar la Casa del Señor, y también las materias primas reunidas para la construcción del Templo; pero, más importante aún, Salomón preservaría el antiguo vínculo con Hiram de Tiro, sin la ayuda del cual, difícilmente, la tarea hubiese podido llevarse a cabo.
Muerto David, Salomón emprendió la tarea de ampliar la capital a la altura de su poderío, para lo cual eligió la parte septentrional de la colina oriental, que se encontraba a veinte metros sobre la antigua ciudad (744 mts.). Pero un proyecto arquitectónico de esta envergadura necesitaba de técnicos capacitados y materiales que Salomón no podía encontrar en su reino.
Llevó entonces a cabo un trato con Hiram de Tiro. Este le proveería madera de cedro y ciprés, y también los técnicos, carpinteros y canteros. Estos últimos serían reclutados en Guebel-Biblos. Este dato adquiere mucha importancia para los masones, puesto que ha sido el eje de la asociación que, a menudo, se ha hecho entre los canteros que participaron en la construcción del Templo de Jerusalén y una antigua cofradía de constructores conocida como "los artífices dionisíacos".
Sus orígenes son inciertos, aunque habitualmente se los relaciona con los arquitectos que construyeron los teatros en honor de Dionisio o Baco, e instituyeron las representaciones dramáticas que, como es sabido, tenían una profunda significación iniciática37. Según Clavel, "...los misterios de Baco fueron establecidos en el Asia Menor, por una colonia de griegos, unos mil años antes de nuestra era... Tenían el privilegio de construir templos, teatros, y todos los demás edificios públicos de la comarca; llegaron a ser tan numerosos, que, bajo la misma denominación, se hallaban en la Siria, la Persia y la India...”
Livraga, en su tratado sobre el "Teatro Mistérico en Grecia", atribuye el origen del Teatro Griego a las ceremonias que se practicaban desde el segundo milenio a.C. "en todo el Mundo Egeo...". Pero, más allá de que las cofradías de constructores de Guebel-Biblos se relacionaran directamente con los artífices dionisíacos, lo cierto es que existen documentos que avalan la importancia de esta ciudad fenicia, como proveedora de pertrechos y personal técnico para la construcción desde principios del III milenio a.C.
En efecto, los documentos egipcios más antiguos encontrados en Guebel-Biblos se remontan a los tiempos del faraón Khasekhemui, de la II dinastía.
Si los egipcios, constructores por excelencia del mundo antiguo, se pertrechaban en Guebel-Biblos, no caben dudas acerca del carácter profesional que habían desarrollado los giblitas. Los arqueólogos coinciden en afirmar que la arquitectura de ese período de la historia de Israel (a la que denominan "Hierro, Fase II A"), tiene una marcada influencia neo-hetea, proveniente de Siria y Líbano. También coinciden en que Salomón aprovechó sabiamente los recursos que le ofrecía Hiram, puesto que carecía de hombres capacitados para llevar adelante semejantes proyectos.
El texto bíblico es muy claro en cuanto al origen de los canteros de Hiram. No caben dudas de que provenían de la ciudad fenicia de Guebel-Biblos. La calidad de su arte ha sido descripta por Flavio Josefo:
"las piedras de los muros del templo eran talladas tan lisas que ni observándolas de cerca podía reconocerse huella alguna de martillo o de otras herramientas. Todo el material de construcción parecía haberse ensamblado por sí mismo sin colaboración exterior alguna..."
Hiram de Tiro fue el gran proveedor de Salomón, el genio logístico de las grandes obras que signarían el reinado del monarca más poderoso de Israel. A cambio, recibió productos agrícolas y tierras; también, a cambio de oro, le fueron dadas veinte ciudades de Galilea. Sin embargo Hiram "no se mostró conforme". Estos desencuentros no impidieron que ambos reyes acometieran otros importantes proyectos en asociación. Pero antes de avanzar en este punto nos detendremos en la figura del más importante artífice del Templo de Jerusalén: Hiram Abi.
4. Las Fraguas de Hiram Abi
Hiram Abi es, sin dudas, una figura misteriosa y esquiva. Su mención en la Biblia es breve, pero lo suficientemente contundente en cuanto a su habilidad, su destreza y su capacidad de trabajo. Las columnas "J" y "B", los capiteles, el "Mar de Bronce", y una infinita cantidad de objetos artísticos y litúrgicos, surgen de sus manos y de su ingenio.
Es hijo de una hebrea de la tribu de Dan, según el libro de los "Reyes", y de Neftalí según "Crónicas". Su padre es un fundidor tirio, maestro en metales. Su nombre, en arameo, es Huram-Abi. Su oficio lo acerca al linaje de otro fogonero, Tubal Cain -creador del bronce cortante y la espada de hierro- y al propio Caín.
Hiram-Abi estableció su fundición en el valle del Jordán, y por los detalles que describe la Biblia -en particular los relativos al "Mar de Bronce"- su tarea fue de gran trascendencia. Esta labor no puede dejar de asociarse con otra de las actividades que caracterizaron al reinado de Salomón: las grandes fundiciones de Ezión-Gueber y las flotas de Ofir y Tarsis, ambos proyectos en asociación con Hiram, rey de Tiro.
En efecto, el puerto de Ezión-Gueber (en el Golfo de Akaba) centralizó las actividades metalúrgicas de Salomón y fue la base naval de una de las dos flotas fenicias al servicio del estado hebreo, denominada "la flota de Ofir". Las fundiciones construidas en Ezión-Gueber son las más grandes encontradas en todo el Cercano Oriente antiguo. Allí se fundía el metal proveniente de las minas del Arabá, las famosas "Minas del Rey Salomón".
Se explotaba -principalmente- cobre y hierro, cuya abundante presencia en Idumea ha sido recientemente probada. Salomón construyó en el complejo de Ezión-Gueber grandes campos amurallados y una fundición que -al aprovechar los fuertes vientos de la zona- se asemeja en su diseño a los modernos altos hornos. Estos descubrimientos arqueológicos datan de 1939 y se deben a los esfuerzos del arqueólogo norteamericano Nelson Glueck, que no ha dejado dudas acerca de las dimensiones de esta ciudad siderúrgica ni tampoco de la existencia de lo que Herm ha denominado "el trust judeo-fenicio del cobre". Al respecto dice:
"...Fenicios y judíos se asociaron no solamente en la fundación de un imperio naviero que desde Akaba alcanzaba los países del Océano Indico, sino que montaron en aquel rincón polvoriento del desierto una planta industrial que cuenta entre las más importantes de su clase en el antiguo Oriente, pues ningún entendido admite que los hebreos, por sí solos, fueran capaces de construir hornos siderúrgicos tan perfectos como los que descubriera Glueck..."
El resultado de esta asociación permitió a Salomón obtener ingresos por exportaciones que impidieron la bancarrota del estado, pese a los inmensos gastos que demandaban sus proyectos arquitectónicos. También explica la capacidad desarrollada para colar enormes piezas de bronce, como las diseñadas por Hiram Abi y fundidas en el valle del Jordán. A la vez, representó para los fenicios una enorme riqueza, en la medida que controlaban, a través de dos enormes flotas, todo el comercio exterior de Salomón.
La flota de Tarsis comerciaba en las rutas del Mediterráneo. Su nombre es una incógnita, pero existe cierta evidencia acerca de la referencia a una colonia fenicia, ubicada sobre el Atlántico, más allá de las Columnas de Hércules, sobre la costa española. Asimov la ubica en Tartessos, en la desembocadura del Guadalquivir. Muy cerca, los fenicios habían fundado el puerto de Gades, que aún existe con el nombre de Cádiz.
Eduardo R. Callaey